
Los protagonistas de Bandas Tributo quieren, definitivamente, ser otro: Axl Rose, en el caso de un joven de Macul que lidera el grupo Sweet Rose; un Jim Morrison a escala ñuñoína en el caso de la Roadhouse Band; un Kurt Cobain cómodo en el bar Las Lanzas o un Angus Young (Ballbreaker) que termina actuándole a los esquiadores de Valle Nevado. Sus suertes son dispares, pero intuimos un mismo conflicto de identidad: ¿se parecen más a sí mismos mientras mejor imitan a sus ídolos?
Mundo tributo, documental argentino, aborda el mismo tema pero desde una perspectiva más amplia y de asombroso anecdotario. Allí conocemos a un médico argentino que quiere operarse la dentadura para parecerse más a Freddy Mercury, un grupo de chicos que se alargan quirúrgicamente la lengua para replicar a Kiss y concurso mundial de imitadores de los Beatles en el que participa una banda chileno. Según el diario argentino La Nación, “el mundo está loco loco loco y Mundo tributo, el documental que retrata el fenómeno de las bandas homenaje en la Argentina, resulta tan delirante y bizarro como sus protagonistas”.
La tarde IN-EDIT NESCAFÉ sigue con conflictos de identidad: Kraftwerk and the electronic revolution narra durante 160 minutos la historia de un cuarteto alemán que se convirtió en la banda electrónica más influyente de la historia renunciando a su condición humana para recordarnos “We are the robots”. Un grupo que impuso en Occidente un molde radicalmente diferente hasta el que entonces se acostumbraba en la música pop, partiendo por sus referentes y derivando en su desconfianza del protagonismo autoral impuesto por el rock: “Sabíamos perfectamente que no fuimos criados en el delta del Mississippi, que no crecimos en Liverpool. Nuestra generación debía ofrecer una contrapartida a eso”, dice en un momento Karl Bartos, asociando la búsqueda de Kraftwerk a, de nuevo, un asunto de identidad.

Desde ese mismo sentido del desarraigo, en el documenta alemán El Elvis rojo conocemos la gloria y tragedia de Dean Reed, un cantautor que no se sentía cómodo siendo guapo, capitalista ni estadounidense, y a quien la Unidad Popular chilena conmovió de tal modo que dedicó el resto de su vida a denunciar los abusos imperialistas de su país y ocupar la música para afianzar su convicción socialista a lo largo de la antigua órbita soviética, donde se convirtió en una auténtica estrella de la música y el cine. Su misteriosa muerte en Alemania Oriental aún despierta sospechas sobre una posible participación de la Stasi. No se pierdan las tomas de su paso por calle Merced (frente a la ex embajada de Estados Unidos), el Campus San Joaquín y un encuentro con trabajadores de Codelco. Conozcan a Dean Reed antes de que Tom Hanks haga quizás qué con su asombrosa biografía.






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